jueves, 27 de junio de 2013

Judo

 
VALOR DE LOS GRADOS DEL JUDO

SHIN: (ESPÍRITU) GHI:(TÉCNICA) TAI:(FÍSICA)

·         SHIN (Valor moral, espíritu, carácter)

·         GHI (Valor técnico, táctico)

·         TAI (Valor físico o corporal)
Ninguno de estos dos últimos valores por separado, ni juntos, tienen tanto valor como el primero.
Todo profesor o maestro que se precie, procurará elevar en sus alumnos el Espíritu sobre la técnica o la forma física.
El Judo es un arte difícil de aprender o comprender. Cualquiera que desee progresar en el camino del Judo deberá acoger en su interior estas enseñanzas.
El cinturón negro supone un desarrollo suficiente de SHIN- GHI-TAI y un conocimiento satisfactorio de los dos principios de la base del Judo:

·         JITA-KYOEI (ayuda y prosperidad mutua)
·         SEIRYOKU-ZEN-YO (utilización óptima de la energía)
El cinturón negro nos confiere dignidad y también responsabilidad. Tiene un prestigio universal reconocido, por lo que debe mostrarse digno del mismo.
El judoka es juzgado por todos, no sólo por su valor técnico sino, sobre todo, por su valor moral y humano, su comportamiento en el entreno, en las competiciones y en la vida.
De hecho, cada cinturón negro es considerado un embajador del Judo.Al contrario, el esfuerzo para ser más competitivos nos conduce, en muchos casos, a desmontar sistemas sociales que funcionaban bien y, en último término, a generar más exclusión para los más débiles.
Pero existe otro aspecto que debe tenerse en cuenta y que es muy importante en su vertiente educativa: querer ser competitivos implica medirse con los otros e intentar vencer a cualquier precio. Lo mismo que sucede con el deporte, un elemento educativo de primera magnitud porque es la ocasión de aprender a dominar y canalizar las propias fuerzas,  el propio cuerpo, de acuerdo con unas reglas de juego que no deben olvidarse jamás, lo que llamamos deportividad. Aunque la realidad nos ha elevado al extremo contrario: lo que hoy cuenta en el deporte es ganar, no el ejercicio de saber dominarnos y controlarnos.
En la campaña “Compta fins a tres” sobre los valores en el deporte escolar, que promueve el Ayuntamiento  de Barcelona, queda patente: los propios chicos y chicas nos indican la contradicción entre los que se les dice sobre deportividad y el comportamiento de los padres, incitándoles a una competencia feroz, porque lo que desean por encima de todo es verles ganar.
Y esta forma de educar tiene consecuencias nefastas, no sólo de tipo ético, sino personal: nos lleva rápidamente a la infelicidad y el desánimo. Porque, por cada uno que gana, muchos son los perdedores. Incluso haciendo bien las cosas, no hay satisfacción si no se logra vencer. Entre las generaciones jóvenes, especialmente entre los chicos, dicho estigma se hace ya muy visible: el principio de competitividad deja muchos cadáveres por el camino y un temor y una inseguridad constantes, ya que la medida de la propia valía se nos escapa.
Cada cual es un luchador solitario que, ni yendo al límite de sus fuerzas, tiene seguro el triunfo, y todo discurso de solidaridad termina sonando a cuento, frente al principio interiorizado que te obliga a vencer y a derrotar a los otros.
¿No podemos decir queremos ser mejores, en lugar de más competitivos?.

Un saludo deportistas 

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