LA SOBREVALORACIÓN
DE LA COMPETITIVIDAD
Fomentar la máxima eficiencia entre los más jóvenes tiene
consecuencias nefastas porque sólo genera desánimo e infelicidad.
Hace ya tiempo que muchas de las personas que
nos movemos en el ámbito educativo somos conscientes de que hay que educar en
valores, hábitos y actitudes, e intentamos dotarnos de instrumentos que faciliten al profesorado el avance en
esta dirección. Pero a menudo lo que de día se teje en las escuelas, se desteje
de noche, ya que las prácticas sociales reales que los niños ven a su alrededor
son más decisivas, respecto a su manera de actuar, que todo lo que se les dice
en la escuela. Las generaciones jóvenes
son, en realidad, un espejo de las generaciones mayores, reflejan lo que han
visto hacer a los adultos, no lo que se les ha dicho que deben hacer.
Existe un valor en nuestra sociedad que cada
día está más presente en todo tipo de contextos: la competitividad. Las
personas, las empresas e incluso las ciudades deben ser competitivas. ¿Qué
significa ser competitivos? Generalmente lo decimos en sentido positivo, como
sinónimo de ser eficaces, eficientes, producir a costes más bajos, ofrecer unos
productos o unos servicios mejores a precios inferiores a los habituales...
Entendido así, se trata de un concepto interesante y útil para mejorar la vida
colectiva.
Un saludo deportistas
Muy buena la entrada
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